Él le da la mano, como un galán antiguo, para ayudarla a entrar, y le dice:
+Donde yo esté, siempre habrá sitio para tí.
Ella sonríe y le abraza. Él se atreve entonces a decirle lo que lleva un buen rato pensando:
+Juntos somos invencibles, mi niña.


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